COMANDANTE DE AUSCHWITZ: DILIGENCIA EN EL TRABAJO

Posted on 30 mayo, 2012

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Las órdenes del Reichführer, las dificultades creadas por el estado de guerra, los incidentes cotidianos, las oleadas de nuevos reclusos, no me dejaban un momento de tregua. Me sentía atormentado y, por mi parte, perseguía a todos mis subordinados, SS o civiles, a las administraciones interesadas, a las empresas privadas y a los detenidos. Siempre quería adelantar trabajo, realizar los proyectos que otorgarían a Auschwitz mejores condiciones de existencia. Himmler nos exigía el cumplimiento de nuestro deber  y el sacrificio de nuestra personalidad. Todo alemán debía entregarse por entero a la causa común para ganar la guerra.

Según la idea de Himmler, los campos de concentración tenían que servir a las necesidades del armamento. Todo lo demás debía quedar subordinado a ese fin, sin consideración alguna. En este sentido, nada era tan significativo como su indiferencia ante las condiciones realmente infrahumanas en que vivían los internados. El armamento progresaba, eso era lo esencial; y se abandonaba a todo el que fuera incapaz de participar en ese progreso.

Estaba prohibido expresar sentimientos contrarios. Yo no ignoraba la miseria de los detenidos, pero debía mostrarme cada vez más duro, más glacial, más despiadado. Quizá supiera demasiadas cosas, pero no debía dejarme impresionar ni detener por quienes sucumbían en el camino. El objetivo final seguía siendo el mismo: ganar la guerra.

Así entendía yo mi deber. Puesto que no podía ir al frente, debía hacer todo lo posible en la retaguardia para apoyar a los combatientes.

Ahora me doy cuenta de que toda esa encarnizamiento mío en el trabajo, todos mis esfuerzos para espolear el celo de los demás, no podían contribuir en nada a la victoria alemana. Pero, en esa época, estaba firmemente convencido de que acabaríamos ganando la guerra y no quería permitirme el menor traspié ni el menor desfallecimiento.

(HÖSS, Rudolf: Yo, comandante de Auschwitz, Ediciones B, 2009, pag. 137-138)

PREGUNTAS:

  1. ¿En quién hace recaer Höss toda la responsabilidad sobre las condiciones de vida y trabajo en los campos de concentración?
  2. ¿Cuál es, según el mismo Höss, su principal preocupación como comandante de Auschwitz? Sin embargo, ¿cómo justifica el hecho de que no interviniera para mejorar las condiciones de vida en el campo?
  3. Ten en cuenta que, cuando Höss escribe estas páginas, ya ha sido condenado a muerte por un tribunal polaco. ¿Por qué trata entonces de justificarse en todo momento no reconociendo su culpabilidad o su responsabilidad? Establece alguna hipótesis que nos explique su comportamiento
  4. Fíjate en la frase que dice: “Ahora me doy cuenta de que…” A lo largo de todo su discurso es habitual que Höss haga este tipo de reflexiones a posteriori. ¿De qué se da cuenta en esos momentos, cuando está encarcelado y Alemania ha perdido la guerra? Comprueba si se muestra arrepentido de sus acciones criminales (exterminio de la población judía en las cámaras de gas, muertes por inanición, autorización a realizar experimentos médicos con reclusos, etc.)
  5. ¿Crees que para Höss “el fin justifica los medios”? Argumenta tu respuesta.
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